CASA EN LA CALLE GANGOTENA

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BAQ 2012
CATEGORÍA REHABILITACIÓN Y RECICLAJE
ECUADOR
JAIME ANDRADE, JOSÉ CHILUISA, ANÍBAL MORALES

Fue la necesidad de mis hijos Daniel y Anahí por tener una casa, por vivir más holgados, por invertir el dinero que pagaban mensualmente en una vivienda propia.

Contaban con un presupuesto limitado y tenían el deseo de vivir en una zona de Quito que estuviera consolidada, nos pareció que la opción era comprar una casa construida que fuera bien edificada y remodelarla para las necesidades de la familia.

Asumí entonces uno de los compromisos más difíciles en la vida profesional, diseñar una vivienda para un hijo y su familia, teniendo en cuenta que les habíamos enseñado a los nuestros a ser fundamentalmente críticos y que ellos eran además personas maduras que sabían lo que querían, que tenían una familia formada por Nicolás, Naya y Simón, que asumián sus propios intereses y expectativas.

Buscamos por la ciudad, había un viejo anhelo de vivir en el Centro Histórico, que siendo la zona antigua ofrecía una vida con muchos atractivos pero con dificultades también.

La buena ubicación fue la clave, la Floresta como barrio consolidado la ofrecía, en la calle Gangotena había una casa de venta…era pequeña pero el terreno tenía posibilidades.

Diseñe pensando intensamente en ellos, una familia de gente joven que se abría a la vida con nuevas profesiones e intereses, un trio de niños queridos que daban sus primeros pasos tambaleantes, que se iban afirmando con mucho cariño de todos nosotros.

La casa se dejó intervenir con gran nobleza, había algo en ella de escondido añejamiento y como era construida solamente a un lado del terreno, quedaba completarla edificando al lado contrario; entonces los espacios cobraron su real proporción, la casa se amplió, devino en más fresca, acogió sin problema las funciones de trabajo en un estudio generoso, los niños tenían espacio suficiente para sus juegos, Nicolás creció sin limitaciones!!!.

En la construcción se dieron experiencias curiosas: la primera fue la de la re-utilización, ya que muchas cosas que pasaron a ser parte de la casa, habían tenido su “vida” anterior y se acoplaron con holgura; otra fue el inusitado interés de Daniel en los acabados de la construcción, que junto a la pericia de Aníbal, el infatigable maestro de obra, resulto en un loable gesto que personalizó la casa aun más. Puedo destacar lugares en esta casa, donde veo que la vida fluye sin problemas y eso ya es bastante, en el afán de lograr lo necesario que cada vez será más, en calidad mas no en cantidad, pues ésta ya va siendo suficiente.

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