QUINCHO GUAIRA I

BAQ 2016
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
PARAGUAY
SUPERESPACIAL, MARCO BALLARIN, CARLOS AGÜERO, MARÍA PAZ GILL

Frente a la exuberancia de un jardín privado, la necesidad de ocupar el espacio a través de la construcción de un quincho intenta demonstrar que la arquitectura puede dar solución a esta contradicción.

Un pequeño resguardo ocupa el espacio para ampliarlo gracias a la capacidad de los elementos arquitectónicos empleados para establecer nuevas relaciones. Un techo suspendido comprime el espacio en el sentido vertical, resguarda de algunas expresiones de la naturaleza como el sol y la lluvia, definiendo el lugar de estar. Al mismo tiempo facilita la extensión horizontal de otra forma de naturaleza, permitiendo a la vegetación incorporarse al espacio habitado.

Tres puntos de apoyo, dos techos y una viga son los elementos arquitectónicos que permiten las nuevas relaciones. A lo largo de un pasillo de servicio que conecta el estacionamiento cubierto, los ambientes de servicio de la casa y el jardín se han buscado las superficies mínimas para montar dos pórticos de hormigón. En el jardín, al lado de la pileta existente, está el pilar suelto diseñado pensando en su relación estética con el jardín y su función estática como encastre para la única viga. Ésta se apoya de forma diferente cuando encuentra a los dos pórticos, es la relación espacio-estructura que define la composición de los diferentes elementos entre ellos. La viga tiene que resolver la diferencia de escala de los espacios producidos por los techos que sustenta. Un elemento plano simplemente apoyado cubre el pasillo de servicio entre quincho y cocina, y al mismo tiempo funciona como una nueva terraza. El techo curvo, mientras cuelga, comprime el espacio de estar y se curva para aligerar su percepción. El estudio del elemento refleja esta voluntad de buscar la compresión sin producir una percepción de aplastamiento. Una necesidad técnica facilita la solución: siendo el techo curvo asimétrico respecto al eje de la viga, la porción con menos voladizo se ensancha para hacer contrapeso a la parte que se proyecta sobre el jardín reduciéndose hasta tener un espesor de 5 centímetros.

Algunos volúmenes de ladrillos rotos definen las relaciones con el suelo poniendo un nuevo orden buscado empezando desde los elementos existentes: la pileta, su filtro y el acceso desde la galería. El mueble con el fregadero, la parrilla y algunos espacios de depósito, se pone en contacto directo con la cocina interna, mientras algunos zócalos permiten resolver el contacto con la pileta y el filtro, funcionando como gradas y asientos.

Alrededor del pilar suelto, una pared de ladrillos rotos forma una pileta que acoge el agua de lluvia traída por el sistema de caídas estructurados por los techos, rebosando en otra pileta a sus pies. La pared se hace soporte vertical así como el agua de la pileta se hace soporte horizontal de una vegetación acuática.

Mientras la arquitectura ocupa, también amplia el sistema natural formando un nuevo paisaje donde agua y vegetación vienen aprovechados como recursos estéticos, recuerdo lejano del espectáculo perdido de las cataratas del Guaíra.

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