AUDITORIO COLEGIO SANTA CLARA

la foto

BAQ 2012
CATEGORÍA REHABILITACIÓN Y RECICLAJE
PARAGUAY
CARLOS JIMÉNEZ, LUIS NERY

Cuando el Colegio Santa Clara nos invitó a participar de un concurso para la construcción de un Auditorio en su valioso y abigarrado predio sobre la avenida Mcal. Lopez, nos figuramos que la decisión venía presidida del debate entre mudar el colegio a las afueras de la ciudad en busca de mayor espacio de recreo y esparcimiento, o conservar su inmejorable ubicación, paliando su escasez de espacios abiertos con una ampliada oferta de equipamiento complementario.

En esta presunción entendimos el programa: Un auditorio para más de 600 personas a implantar en el sitio del ya inadecuado salón de actos existente, entre los abigarrados edificios que conforman el espacio central.

Nuestra impresión fue desde el principio que el colegio no necesitaba un Auditorio, sino la restitución de mayor espacio abierto, para promocionar la magia del recreo y sus  encuentros, sus  corridas, y sus  conversaciones, en el esencial proceso de socialización de jóvenes que se instruyen en las aulas, y se educan en los patios.

Esta convicción orienta el proyecto, y define su esencia.

Sabemos hacer auditorios. Sopesamos confort con capacidad, definimos disciplinariamente visualización, sonidos, circulación. Dos niveles solapados hacen posible esta conjugación dentro de límites ajustados. y materializamos su arquitectura con la continuidad del ladrillo a la vista de los edificios pre-existentes, lo articulamos con paneles quebrados que conforman llenos y vacíos. calificamos el espacio con la luz tamizada que lo baña, y permitimos una fluidez visual de dentro a fuera  atípica del tema, pero ajustada al sentido de pertenencia que otorgamos al proyecto, alejado de la caja autista de su entorno que producen los cierres dogmáticos. El vestíbulo es una caja de luces que lo califica. Pequeñas aberturas  repartidas sin orden aparente en los planos que lo definen, bañan poéticamente el espacio que invita a abandonar la dispersión del patio, y prepara la atmósfera del acto.

Pero la Arquitectura no está en el ladrillo, sino en el espacio que lo contiene, y principalmente que lo articula. La priorización del  patio de recreo, del vacío y no del lleno, conduce el diseño. El auditorio se eleva sobre lo que fue el antiguo salón de actos, y abierta la exclusa, el patio lo atraviesa, calificado con la sombra del nuevo edificio. La curvatura catenaria resultante de la lógica de visualización de la platea sella el rasgo característico de la arquitectura, con sus lamas de ladrillos que ritman la forma y articulan la inserción entre las compactas construcciones que lo rodean. Pero la reconversión y recalificación del patio, el espacio no construido, se constituye en la  más contundente intervención arquitectónica. Rescatar esta  esencia del fondo, por sobre el  regocijo de diseñar  la forma, celebra una certeza personal. La arquitectura en nuestro  Paraguay cálido y subtropical, debe ser de sombra  más que de forma.

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