CASA SIETE COIGÜES

BAQ 2016
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
CHILE
EMIL OSORIO SCHMIED, NATALIA GAJARDO HERRERA

La idea de vivir en la periferia boscosa de la ciudad rememora la imagen de refugio-escondite como respuesta al encargo. Si a lo anterior agregamos aspectos utilitarios como el requerimiento de espacios para el estudio y el trabajo, más otros factores cualitativos como la iluminación natural y la prospección del entorno, entonces alcanzamos cierta complejidad en el programa de esta vivienda. Los recintos incluyen tres dormitorios, dos baños, cocina, comedor y estar; además de un escritorio de trabajo y una zona de lectura pensados como espacios comunes. Con todo, siguiendo la lógica de un emplazamiento en zona de alta densidad, se propone un volumen compacto que alberga los espacios distribuidos en varios niveles y que, al mismo tiempo, potencia la luz y las vistas del exterior.

Dado lo empinado del suelo, es posible ubicar la entrada principal de la vivienda a una altura superior. Además de la pendiente, el predio posee una vista despejada a las colinas arboladas circundantes. Allí, troncos de hasta cuarenta metros de altura contribuyen a experimentar una sensación similar al vértigo, debido a la distancia entre las copas y el terreno inclinado que les sustenta. La dimensión vertical aparece así aumentada, lo cual informa la decisión de emplazar la casa en un escenario de prospección frente al paisaje natural.

Hablar de una sensación de vértigo aludiendo al bosque en pendiente no apunta al miedo a caer, sino más bien a un vacío que logra sobrecoger al observador. Al registrar tal percepción en relación al suelo, el fundamento de la obra propone extender el vértigo hacia el espacio doméstico, en cuanto registros sensoriales y vistas. Esta acción tiene que ver con la idea de trabajar con la verticalidad del bosque para establecer elementos comunes con lo construido, y donde la extensión horizontal permanece restringida. La razón es reducir el impacto en el lugar, obviando el uso de alusiones orgánicas o representaciones literales del contexto. Para esto, una planta cuadrada se sitúa sobre la pendiente, y se multiplica en altura hasta completar un cuerpo de tres pisos.

Al mismo tiempo, para consolidar una afinidad entre el volumen y el paisaje, y considerando que la naturaleza no posee un frente reconocible, la arquitectura propone operaciones que determinan su orientación. Así, la pendiente se conecta con el volumen por un puente peatonal que remata en un retranqueo en la esquina sur-oriente. Además, dos habitaciones se proyectan en voladizo hacia el poniente y el sur, respectivamente. Otras relaciones con elementos del contexto, tales como texturas y colores, determinan el uso combinado de materiales como la madera y el acero corrugado sobre la fachada.

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