CASAS DEL HORIZONTE

BAQ 2010
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
CHILE
CRISTIAN UNDURRAGA

LAS CASAS DEL HORIZONTE

 “¿En qué medida el construir pertenece al habitar?
La respuesta a esta pregunta aclara lo que es propiamente el construir pensado desde la esencia del habitar. Al construir, en el sentido de edificar cosas, nos limitamos y preguntamos: ¿qué es una cosa construida? Sirva como ejemplo para nuestra reflexión un puente.”

Martin Heidegger.

A 32º 31´ de latitud y 71º 28´ de longitud, al norte de Zapallar en la costa central de Chile, se emplazan estas casas,   las que hemos llamado “casas del horizonte”.

Allí el océano Pacífico, contradiciendo su propio nombre, se bate sobre las rocas con fuerza y persistencia confiriéndole al paisaje una dinámica particular. El terreno, empinado 25 metros sobre el nivel del mar, goza de una vista amplia que se pierde en el horizonte del mar. En días claros se puede ver hasta la bahía del puerto de Valparaíso distante 60 kilómetros hacia el sur. A los extraordinarios atributos geográficos del lugar es justo agregar la presencia inmediata, por el costado norte, de un pequeño y bellísimo cementerio donde los pinos y las tumbas dispuestas a ras de suelo se funden con la geografía circundante.

Frente a esta suma de estímulos formidables que ofrecía el terreno, nos pareció evidente que el lugar reclamaba una decisión arquitectónica radical, que al establecer un nuevo orden en el paisaje no introdujera características que resultaran ajenas a la fuerza con que la naturaleza se manifestaba.

“Longitud” y “Magnitud” fueron los temas abordados desde el origen del proyecto como estrategia para integrarse a la sensibilidad del lugar; una longitud que abarcara el terreno y una magnitud que contuviera dicho paisaje.

La primera intervención sobre el terreno consistió en la construcción de dos amplias cavidades cuyas paredes de piedra son el eco de las rocas exuberantes que se despliegan frente al mar. Como resultado de esta operación surgieron espacios íntimos y protegidos sobre cuyos muros se posan las casas a modo de un puente.  Estos patios nos refieren a un mundo primitivo donde los límites entre arquitectura y paisaje son difusos, mientras que los pabellones-puentes que cruzan el espacio y lo limitan hacia el mar nos refieren a un orden racional.

Contenido por estas cavidades construidas en el terreno, y por los pabellones-puentes que se aproximan hacia el mar, el patio que queda ubicado hacia atrás es un espacio exterior protegido del viento y abierto hacia el norte. Allí se recibe el sol de la mañana, mientras la presencia del mar desaparece para dejar el protagonismo al jardín y el espejo de agua.

Pero son las vigas desnudas de hormigón que sostienen el puente las que definen el carácter de las casas. Su perfil neto y directo establecido como dos trazos, celebra el horizonte lejano al tiempo que se constituye en el marco digno para contemplar el mar en toda su extensión.

Las vigas de cada casa encuentran su apoyo en tres pilares, uno emplazado hacia el centro que acompaña la verticalidad del fogón y la escalera que une el pabellón-puente con la zona excavada, y los otros dos se ubican a cada extremo en las paredes del patio que se abre bajo el puente.

Las vigas de hormigón armado postensado tienen una altura de 2.40 metros, una magnitud definida por la solicitación de la estructura, y un largo de 44 metros y 48 metros respectivamente. De ellas cuelgan por medio de barras de acero de 60mm de espesor la losa de hormigón que sirve de piso para las casas, liberando así el suelo inferior y el interior de las mismas permitiendo una máxima flexibilidad en la distribución del programa.

Mientras que las ventanas hacia el sur recogen la vista del mar y el pueblo de Zapallar, las ventanas al norte recogen la luz y el calor del sol, el que se regula por medio de celosías móviles. La ventilación cruzada y la constante brisa del mar permiten un óptimo control de la temperatura.