ESCUELA INFANTIL JARDÍN SANTO ANDRÉ

BAQ 2010
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
BRASIL
FRANCISCO FANUCCI, MARCELO FERRAZ.

La escuela del Jardín Santo André fue construida en un conjunto habitacional recién implantado en la franja sudeste de la ciudad de Santo André. Como toda la inmensa periferia de la megalópolis paulista, es lugar de carencia de confort, de seguridad, de oportunidades, de servicios públicos; es lugar con condiciones precarias para vivir dignamente.

En primer lugar, la escuela se ocupa en proveer educación con calidad y de forma integral a 1000 niños de 4 a 10 años de edad. Además, sus espacios y sus equipos están disponibles para el uso de la comunidad en el período nocturno y los fines de semana, con un programa de cursos de alfabetización para adultos, de computación, grupos de música, teatro, poesía, lectura, reuniones, etc. Es un espacio democrático, de carácter público, abierto al debate, a la formación y desarrollo de la ciudadanía en la población local.

El terreno que le fue destinado es de difícil ocupación, excesivamente inclinado a lo largo de la ladera curva que lo circunda. Su único tramo plano es área “non aedificandi”, faja de protección de una corriente canalizada.

El edificio acompaña el desnivel del terreno, con accesos directos al exterior en sus tres pisos.

En el suelo se localiza el patio cubierto, la cocina y el comedor, que se extiende hacia un piso externo. Por la planta baja se accede también al auditorio multiuso con 250 plazas y los vestuarios que atienden a la cancha polideportiva localizada en la franja plana del terreno. El primer piso está destinado enteramente a albergar 16 aulas. En el segundo piso se ubican la administración, la biblioteca y una sala de ordenadores, además de 4 aulas más. La cubierta del segundo piso y su parte descubierta son losas-jardín, fácilmente accesibles. Allí los niños cuidan de hortalizas, frutas y flores, como parte de su proceso educativo.

La estructura es rigurosamente modulada y económica, formada por una malla con vanos longitudinales de 6 m y transversales de 7 m (vanos laterales) y 5 m (vano central), cerrados por losas invertidas de concreto aparente. Esta modulación rígida, sin embargo, no determina ninguna rigidez espacial. Las paredes internas se desarrollan de manera independiente de la malla estructural, libres del viejo esquema corredor-puertas, impersonal y frío, como en los hospitales o en las prisiones. Las aulas tienen formatos diferentes y las circulaciones crean “lugares”, identidades espaciales, en lugar de corredores. Aberturas cenitales orientadas hacia el norte capturan y traen hacia adentro la luz del sol, reflejada en paredes de colores, que funcionan como canales comunicantes entre los pavimentos.

La accesibilidad está garantizada a todos los ambientes, a través de un ascensor y de escaleras y rampas de baja inclinación. Las aulas tienen grandes marcos que proporcionan una iluminación y una ventilación naturales abundantes. Un plan de cobogó (elementos filtrados) de cerámica protege las grandes ventanas del sol en la cara norte y del vandalismo en la cara sur, cerca de la calzada.

La unión de la educación de niños y adultos con la convivencia organizada de la comunidad en sus espacios es la pequeña contribución que se espera de esta escuela para la conquista de la autoestima y de la conciencia, esenciales para el ejercicio de la ciudadanía de esta inmensa población de bajos ingresos de las periferias de nuestras ciudades.