SINAGOGA Y CENTRO COMUNITARIO DEL CIRCULO ISRAELITA DE SANTIAGO

FOTOGRAFÍA SELECCIONADA

BAQ 2012
CATEGORÍA DISEÑO ARQUITECTÓNICO
CHILE
GABRIEL BENDERSKY, RICHARD VON MOLTKE

La Comunidad Israelita de Santiago que funcionó por casi cincuenta años en la Gran Sinagoga de calle Serrano, decide trasladar su sede al sector oriente de la ciudad, optando así a albergar mayores actividades comunitarias, sociales y culturales además de las religiosas. El encargo consistía en combinar un  amplio programa híbrido de recintos de distinta índole en tamaño, categoría y usos, al mismo tiempo que exigía imprimir una alta cuota de simbolismo a la experiencia de los recorridos y las permanencias.

El terreno, de una superficie de dos hectáreas y doscientos metros de fondo deslinda al poniente con una construcción de impacto visual indeseado, posee un colchón vegetal de antiguos nogales y castaños a lo largo del costado oriente y acoge una marcada presencia del cordón cordillerano hacia el sur.

El partido apuesta por agrupar piezas programáticas en distintos edificios, categorizando así los diferentes usos e imponiendo órdenes y jerarquías temáticas dentro de un mismo conjunto espacial.

Un primer edificio, del culto, descansa sobre un gran espejo de agua de cincuenta por cincuenta metros albergando una sinagoga principal con capacidad para ochocientas personas y una sinagoga menor de uso diario. Estos se identifican como volúmenes rotundos, con revestimientos de maderas diferenciadas y vinculados por un tercer cuerpo espacial que los abraza y los contiene, un chasis de hormigón expuesto con sendos acristalamientos que capturan enmarques de la cordillera, definen el hall principal. Bajo el plano de agua con accesos discretos, existe una Mikveh, recinto destinado a baños rituales. El agua juega un rol fundamental en el simbolismo judío, significa “vida” y está usada como un elemento arquitectónico que actúa como soporte de las actividades religiosas, despegándolas de las otras al mismo tiempo que ennoblece y destaca al edificio del culto.

Un segundo volumen, denominado edificio de la cultura, reúne los usos comunitarios: biblioteca, cafetería, salas de clases y oficinas administrativas. Este se arma como un cuerpo estirado de ciento once metros de largo al costado poniente del terreno, que da la espalda a la construcción vecina y volumétricamente permite configurar un nuevo borde. El cabezal de este volumen, que enfrenta los flujos de acceso, es una plaza atrio que recuerda las doce tribus de Israel, mediante doce esbeltos pilares metálicos posicionados según la distribución histórica de los territorios, mapeados como pavimentos de la misma plaza.

Un Centro de Eventos, con salones multipropósito y equipamiento de apoyo, se contiene bajo suelo en un edificio sin presencia volumétrica pero sí simbólica: la superficie superior de esta actividad programática se constituye como una gran plaza de ceremonias, epicentro de articulación espacial de todo el complejo.

Los estacionamientos para doscientas veinticuatro plazas, virtualmente “desaparecen” bajo una enorme losa jardín de césped que admite las mas variadas actividades de esparcimiento y juego, pero simultáneamente permite configurar un vacío silencioso que pone en valor a los volúmenes significantes del proyecto.

 

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