VIVIENDA TRANSITORIA PARA MIGRANTES

BAQ 2016
CATEGORÍA HÁBITAT SOCIAL Y DESARROLLO
MÉXICO
MARIANA IBARRA, ISIDRO HERNÁNDEZ, FABIÁN OROZCO, KAREN CAMBRÓN, FERNANDO RESENOS, MARIO HERNÁNDEZ, FRANCISCO HERNÁNDEZ, FRANCISCO DE LA ISLA, ALVARO LARA, MAURICIO DURÁN, EMILIO FERNÁNDEZ

La región del Soconusco al sur de Chiapas, se caracteriza por una tradición migratoria de origen laboral y comercial con Centroamérica ―particularmente con Guatemala― desde el siglo XIX, principalmente por el cultivo y cosecha de café en la zona; desde ese entonces hay un intercambio económico, social y cultural que traspasa los límites regionales. Actualmente estos lazos se han visto afectados por el aumento en el flujo migratorio ―tanto laboral como de tránsito― y la falta de infraestructura legal y de servicios para albergar a esta población que crece día con día.

Vivienda Transitoria para Migrantes, surge gracias a la suma de voluntades entre el Taller Max Cetto UNAM y el propietario de finca Argovia; ya  que fue de los interesados en conocer el programa y fue así como se interesó en la realización del proyecto, visualizándolo como una oportunidad para impulsar el desarrollo de la comunidad.

Debido a su ubicación y contexto social, se decidió que el proyecto se enfocara en el sector vivienda―a pesar de que se reconocieron diversas necesidades en cuestión de equipamiento― debido a la importancia del tema en una comunidad compuesta por habitantes de distintas nacionalidades que necesitan un elemento que genere equidad, sentido de pertenencia y cohesión social; además de un espacio adecuado que influya en su desarrollo personal y familiar.

Características del proyecto

El diseño resultó en un dúplex de 135m², que consta de dos viviendas y un núcleo de servicios. Cada vivienda cuenta con dos recámaras, comedor, baño, espacio de guardado, cocina, huerto, área de lavado y pórtico; está diseñada para albergar a un máximo de seis personas debido a que es el promedio de integrantes de una familia en la región ― 2 padres y de 3 a 4 hijos ―.

La estructura se dividió en dos partes, la primera correspondiente a la vivienda  y la segunda al módulo de servicios con muros de block. Para la estructura de las cubiertas se utilizo bambú como una alternativa constructiva, por ser un material que se encuentra en gran cantidad en esta zona y gran potencial para la construcción, además es un recurso renovable y de fácil acceso,  reduciendo costos.

Para lograr una factibilidad térmica era indispensable una correcta ventilación por las condiciones climáticas ―templado húmedo―, así se optó por generar ventilaciones cruzadas utilizando techos altos y muros bajos, produciendo así un flujo de aire constante. Para la cubierta se uso lámina,  este material los habitantes lo han integrado como un elemento factible por su durabilidad y fácil mantenimiento, además de adecuarse bien al clima.

Para los muros divisorios se utilizó madera siguiendo la tradición constructiva, estos se desplantaron sobre un rodapié  para evitar el contacto directo con el suelo y así retrasar su deterioro, también se trató con  aceite quemado para protegerla de los insectos y la humedad.

Identificar los valores físicos naturales y culturales dotaron al proyecto de características propias, proyectándolo como un todo y no como un objeto aislado, generando un vínculo entre el lugar y el proyecto.

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